Activación conductual para la depresión. Principios fundamentales.

La activación conductual para la depresión se puede definir, a grandes rasgos, como una terapia de las llamadas “de tercera generación”, pero en realidad es un enfoque terapéutico del que puede beneficiarse cualquier tipo de terapia psicológica.

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La activación conductual (AC) es un tratamiento breve y estructurado para la depresión que tiene como objetivo la activación de los clientes o pacientes de modos específicos que aumentará las experiencias gratificantes en sus vidas. Todas las técnicas de la AC son utilizadas al servicio del objetivo fundamental de aumentar la activación y el compromiso en el mundo del individuo.  Para alcanzar esta meta, la AC se centra también en los procesos que reprimen la activación, tales como las conductas de huida y evitación.  La AC se basa en la premisa de que los problemas en las vidas de los individuos vulnerables reducen la capacidad de estos de experimentar la recompensa positiva de sus entornos, y desencadenan los síntomas y las conductas que clasificamos como depresión. Para aliviar la depresión, la AC supone que se ha de ayudar a los clientes a la hora de adoptar una conducta que en último término considerarán placentera o productiva, o que mejorará sus situaciones vitales de tal modo que proporcionen recompensas mayores. Las sesiones de la AC están orientadas a la accion y se centran en la resolución de problemas. De hecho, la mayoría del trabajo terapéutico tiene lugar fuera del consultorio del terapeuta.

Los 10 principios fundamentales de la AC:

Es evidente que existen muchas formas en que los clientes pueden beneficiarse de la AC. Sin embargo, lo que unifica los diferentes procesos de tratamiento es un centro de interés constante en activarse y afrontar la vida por parte del individuo. La terapia se centra en entender qué patrones mantienen la depresión y qué áreas de cambio mejorarán probablemente el estado anímico del cliente, para pasar a continuación, de manera repetida y persistente, a realizar cambios en esas áreas. Dentro de esta estructura básica, el terapeuta de AC se guía por un conjunto de principios sencillos.

Principio 1. La clave para cambiar cómo se sienten las personas consiste en ayudarles a cambiar lo que hacen.

Principio 2. Los cambios en la vida pueden llevar a la depresión, y las estrategias de adaptación a corto plazo pueden bloquear con el tiempo a las personas.

Principio 3. Las pistas para entender lo que será antidepresivo para un cliente concreto residen en lo que precede y lo que sigue a las conductas importantes del cliente.

Principio 4. Estructurar y programar actividades que siguen un plan, no un estado anímico.

Principio 5. El cambio será más fácil cuando se comienza por algo pequeño.

Principio 6. Hace hincapié en actividades que sean reforzadoras por naturaleza.

Principio 7. Actuar como un entrenador.

Principio 8. Insistir en un enfoque empírico de resolución de problemas y reconocer que todos los resultados son útiles.

Principio 9. ¡No lo digas, hazlo!

Principio 10. Detectar barreras posibles y reales para la activación.

Estos diez principios describen las directrices básicas de la terapia de AC.depresion-ayuda-psicologo-online Los terapeutas de AC suscriben firmemente el principio según el cual el cambio en lo que hacen los clientes tendrá un impacto positivo en sus sentimientos (principio 1).

Los terapeutas presentan a los clientes una conceptualización inicial del caso y buscan proveerse para el tratamiento, utilizando el postulado de que los cambios en la vida pueden conducir a la depresión y de que hay reacciones naturales a los cambios en la vida que dan como resultado estrategias de adaptación que mantienen bloqueadas a las personas (principio 2).

Mediante una monitorización muy atenta de las conexiones entre la conducta y el estado anímico del cliente, los terapeutas se centran en las claves del cambio de conducta, observando lo que precede a las conductas importantes y lo que les sigue (principio 3), estructurando y programando las actividades pertinentes (principio 4), realizando pequeños cambios y añadiendo otros a los realizados (principio 5), y fijando como objetivo las conductas que probablemente serán recompensadas de forma natural en el entorno del cliente (principio 6).

Los terapeutas de AC actúan como un entrenador que ayuda a planificar los pasos, cuya realización será en último término responsabilidad del cliente (principio 7), y el objetivo general es que los clientes se entrenen a sí mismos. Como la AC es una terapia centrada en la solución, el terapeuta adopta una postura de resolución de problemas. Tanto el terapeuta como el cliente colaboran en un enfoque experimental para ensayar nuevas conductas y para descubrir importantes resultados del cambio de conducta (principio 8).

La AC es una terapia activa. Lo que sucede entre las sesiones tiene en muchos sentidos más importancia que lo que acontece en la propia hora de terapia. La AC no consiste en hablar sobre los problemas, sino en realizar actividades que pueden conducir a la mejora de las situaciones de la vida o de los estados anímicos (principio 9).

Finalmente, los terapeutas y los clientes de AC continúan trabajando juntos en la identificación de posibles barreras para la activación o de problemas reales que se han producido, y para identificar métidos de detección de problemas con los que solucionar dificultades (principio 10).

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